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8.10.12
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| Abigail Larson |
Hoy leímos y comentamos el poema de Edgar Allan Poe, Annabel Lee. También, dos de sus cuentos: "El retrato oval" y “El corazón delator”, publicado por primera vez en el periódico literario The pioneer en enero de 1843. Poe lo publicó más tarde en su periódico The Broadway Journal en su edición del 23 de agosto de 1845.
El 7 de octubre se cumplen años de su fallecimiento, en 1849. Los estudiantes nos ofrecerán su interpretación y puntos de vista sobre estas lecturas.
Annabel Lee, canta Radio Futura.
Agradecemos a María Soledad Zamora Mejía, una estudiante del grupo, que nos envía el poema de Poe, Lenore. De igual forma, una explicación del mismo más un video con una excelente caricatura del poema (el primero de una miniserie de varios capítulos) y un video con la explicación de la caricatura.
Soledad, nos comenta:
“El personaje principal es la niña que en el poema se encuentra muerta, acompañada y acechada de varios seres que en ocasiones serían tétricos. Ella los observa como algo normal, mostrándonos que la muerte y lo que rodea estos oscuros temas no siempre son malos. Hay que observar el modo en que lo aborda la caricatura manchada de inocencia”.
En este video, escuchamos las envidias y resentimientos que siguieron a este excelente escritor.
“El personaje principal es la niña que en el poema se encuentra muerta, acompañada y acechada de varios seres que en ocasiones serían tétricos. Ella los observa como algo normal, mostrándonos que la muerte y lo que rodea estos oscuros temas no siempre son malos. Hay que observar el modo en que lo aborda la caricatura manchada de inocencia”.
En este video, escuchamos las envidias y resentimientos que siguieron a este excelente escritor.
20.8.12
Se hizo la lectura del poema de Pavese, se analizó y, entre todos, se propuso una interpretación.
Trabajar cansa, de Cesare Pavese:
Atravesar una calle para escapar de casa
sólo lo hace un muchacho, pero este hombre que vaga
todo el día por las calles ya no es un muchacho
y no escapa de casa.
Hay tardes de verano en que hasta las plazas están vacías, se extienden
bajo un sol casi poniente, y este hombre, que viene
por callejuelas de inútiles plantas, se para.
¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Con sólo dar la vuelta, las calles y la plaza
quedan vacías. Desearía detener a una mujer,
hablarle y proponerle que vivan juntos.
De otra forma, uno habla solo. Por eso en ocasiones
los borrachos se atacan con discursos nocturnos
que relatan los proyectos de toda una vida.
No es seguro que al ir a una plaza desierta
te encuentres con alguien, pero los que vagan por las calles
se quedan de vez en cuando. Si anduviera con alguien
mientras cruza estas calles, la casa sería
donde ella estuviera, y entonces valdría la pena.
Por la noche la plaza vuelve a quedar vacía
y este hombre, que pasa, no mira los edificios
tras las inútiles luces, pues ya no alza los ojos:
sólo ve el empedrado, que hicieron otros hombres
con manos endurecidas, como están las suyas.
No es bueno quedarse en la plaza desierta.
Seguro que está en la calle aquella mujer
qué, si él se lo pide, querrá llevarlo de la mano a casa.
Video: Lavorare stanca
Trabajar cansa, de Cesare Pavese:
Atravesar una calle para escapar de casa
sólo lo hace un muchacho, pero este hombre que vaga
todo el día por las calles ya no es un muchacho
y no escapa de casa.
Hay tardes de verano en que hasta las plazas están vacías, se extienden
bajo un sol casi poniente, y este hombre, que viene
por callejuelas de inútiles plantas, se para.
¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Con sólo dar la vuelta, las calles y la plaza
quedan vacías. Desearía detener a una mujer,
hablarle y proponerle que vivan juntos.
De otra forma, uno habla solo. Por eso en ocasiones
los borrachos se atacan con discursos nocturnos
que relatan los proyectos de toda una vida.
No es seguro que al ir a una plaza desierta
te encuentres con alguien, pero los que vagan por las calles
se quedan de vez en cuando. Si anduviera con alguien
mientras cruza estas calles, la casa sería
donde ella estuviera, y entonces valdría la pena.
Por la noche la plaza vuelve a quedar vacía
y este hombre, que pasa, no mira los edificios
tras las inútiles luces, pues ya no alza los ojos:
sólo ve el empedrado, que hicieron otros hombres
con manos endurecidas, como están las suyas.
No es bueno quedarse en la plaza desierta.
Seguro que está en la calle aquella mujer
qué, si él se lo pide, querrá llevarlo de la mano a casa.
Video: Lavorare stanca
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